"A mis 54 ya me había rendido con las bases: todas se me metían en las arrugas y a mediodía se ponían naranjas. Mi hija me regaló esta por mi cumpleaños y me eché a llorar al mirarme al espejo. Parecía mi piel, pero más lisa y luminosa. Sin arrugas marcadas, sin naranja, sin máscara. Por fin vuelvo a disfrutar de llevar base."